Elegir bien el soporte es la mitad de la libertad. Un cuaderno A6 o delgado A5, con papel de 120 a 160 gramos, permite líneas limpias y aguadas discretas sin abombarse. Encuadernación resistente, apertura total y elástico para cerrar con pinzas o hojas sueltas salpicadas de rocío. Si dibujas de pie, un formato vertical facilita encuadres de cercas, surcos y siluetas de árboles recortadas en la primera luz.
Con dos lápices bien escogidos cubres casi todo: HB para estructura y 2B para acentos elásticos cuando el sol asoma. Un portaminas ahorra afilados en campo, y una goma tipo lápiz borra con precisión sin ocupar espacio. Añade un fineliner pigmentado impermeable de 0,3 milímetros para líneas definitivas antes de un toque de color. Flujo constante, secado rápido, y cero sorpresas cuando cae una gota temprana.
Cronometra series breves al llegar. Dibuja lo primero que te llama: una rueda, un poste, un reflejo. Sin borrar. Taggea cada miniatura con hora y dirección del sol. La mano despierta y la vista prioriza. Al repetir, notarás patrones útiles para decisiones rápidas, como cómo cae el peso del granero en el horizonte o cómo una hilera curva compensa rigidez. El calentamiento libera, reduce ansiedad y prepara mezclas mentales ágiles.
Divide la escena en claro, medio y oscuro. Con grafito, traza límites de masas; después, añade un lavado templado para los medios, y finalmente acentos oscuros decididos en puntos focales. No busques transiciones interminables: el amanecer ofrece formas legibles. Si dudas, entrecierra los ojos y elige la lectura más simple. Este método da estructura inmediata, facilita color sobrio encima y evita barro cromático cuando el tiempo apremia y el viento enfría.
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